
Dentro de mí existe una isla. De vez en cuando me refugio en ella: cuando la incomprensión me sorprende, cuando los amigos, o un ser muy querido me decepcionan mucho, mucho, cuando me hieren queriendo, o no veo la salida a un problema que no tengo con quién hablarlo.
A veces pienso que no estaría mal irse a pasar una temporada larga a ella. Pensar, meditar, sopesar si algo tiene importancia, si no la tiene, si merece la pena lo que hacemos o es mejor intentar otras cosas. Cambiar el estilo de vida.
Ahora mismo estoy en ese “a veces”, ya no es por la astenia primaveral, ni el calor sofocante de una noche de verano, ni tan siquiera porque me sorprendan mucho las cosas aunque siempre un poco sí, es un cansancio de ver lo absurdas que son algunas personas, esas que nunca sabemos a qué juegan, si siempre están jugando con uno, si es solo ponernos a prueba, o simplemente que son así y no se puede esperar más de ellas, las que nunca sabemos si vienen o si van, si suben o si bajan, si hoy es rojo mañana puede ser azul o viceversa.
Pero sobre todo de las que te dan confianza para después aprovecharse de tus confidencias intentando hacer daño tergiversando lo contado, haciéndolo a su modo, mitad verdad, mitad infamia, te llevas tal palo que es necesario un tiempo para recuperarse, aunque bien mirado no merecen ni un minuto de nuestro tiempo, ellas solas se cierran la puerta de nuestro corazón y nos obligan a pensar y a hacer por nuestro bien, tanto físico como mental...: “A otra cosa mariposa”. ¡Que les vaya bonito!
Carol