
Creo que no me equivoco cuando digo que generalmente nos acercamos a las personas buscando lo bueno que hay en sus corazones, nos atrae más la bondad, las buenas maneras y el estilo de aquellas de las que desearíamos tener su amistad.
Muchas veces nos sorprende encontrar personas con tan buenos sentimientos en un mundo que parece cada vez más materialista encaminado al egoísmo, al narcisismo. No debería extrañarnos, en el ser humano es mayor la cantidad de buenos sentimientos que los que implican maldad, y aunque todos tenemos algún que otro defecto prevalece las virtudes y el deseo de ser mejores cada día, aprender de los errores y sobre todo no dañar a nuestros semejantes siquiera sea con palabras que a veces decimos sin pensar demasiado que pueden herir la sensibilidad de otros.
Aunque seamos capaces de distinguir entre conocidos y amigos con todos debemos ser legales, aunque llevemos una máscara tenemos que ser de tal forma que el día que te la quites no se note la diferencia en el trato, no te hayas aprovechado de llevarla para engañar, medrar o criticar a otros sin que tengan posibles defensas y es que en realidad todos llevamos una máscara como llevamos ropa, pero que sea más por proteger nuestra intimidad que porque sea un instrumento para hacer el mal.
La vida está llena de sorpresas y muchas veces aquel o aquella que parecía no ser tan ideal es al final tu mejor amigo, o sencillamente la persona justa que todos desearíamos encontrar para que lo fuera. El amigo que no te abandona cuando más lo necesitas, el que es fiel a través de los años de las vicisitudes de la vida y aunque te diga la verdad a la cara sabes que procura tu bien y que en su corazón sigue existiendo cariño cuando todo no va bien, el te pregunta cuando alguien le dice que tú hablaste mal de él, porque el orgullo se queda para los conocidos cuya amistad nunca cuajó. No permite que los malos entendidos rompan sentimientos verdaderos forjados día a día que por muchos años que pasen sin verse siempre cuando vuelves a encontrar a ese amigo le hablas como si le hubieses visto ayer.
Ese amigo que cuando los demás te juzgan o insultan no guarda silencio porque sería condenarte, cuando sabe que sus palabras a tu favor son merecidas, tan ciertas.
Carol