La Caracola se encontró con la Estrella de mar en la arena de la playa más al Oeste de la Península Ibérica, una hermosa playa de fina arena y brisa atlántica.
¡Hola!- le contestó el molusco asomando tímidamente por la puerta de la construcción.
-Es preciosa tu casa, ¿te ha costado mucho encontrar esos materiales de colores?, te ha quedado muy vistosa la caracola- dijo la Estrella con admiración.
-¡Oh, sí!-dijo la Caracola- tuve que permanecer mucho tiempo en el fondo, algo más de un año.
-Es una pena tanto esfuerzo para tener que acabar formando parte de un collar, ¿a ti qué ola te trajo hasta aquí?- Pregunto curiosa la Estrella.
La pleamar de la mañana, quedé atrapado en esas rocas que se ven ahí en la orilla, después una ola me arrojó a la arena y así estuve un buen rato subiendo y bajando hasta que me quedé definitivamente aquí, será por poco tiempo, enseguida vendrán los coleccionistas y todo habrá acabado- dijo compungido el pequeño molusco metiéndose dentro de su concha y negándose a salir más a pesar de la insistencia de la estrella de mar que no lo daba todo por perdido. Había pensado atrapar ella al pequeño molusco pero ahora un sentimiento de protección empezó a nacer en alguna parte de su cuerpo que no podía determinar cuál era, una extraña sensación antes nunca sentida, pues estos moluscos formaban parte todos los días de su menú.
-Hoy no saldrá el Sol, el cielo tiene nubarrones y es posible que llueva, así que no vendrá nadie a esta playa y, ¡tienes suerte!, a mí hoy no me apetece comer caracolas, me he decantado por unas almejas riquísimas y fresquitas que he visto al venir hacia aquí. Esperaremos a que suba la marea, aunque yo no lo necesito, lucharemos hasta el final, así que nada de lloriqueos.

La Estrella moviendo sus lindas "patitas" se acercó a la Caracola y le dio un suave traqueteo como si quisiera darle un abrazo, después cubrió con su cuerpo al pequeño molusco encerrado en su preciosa concha de nácar. Escarbó un poco y cuando salió la arena mojada tapó a la caracola, con un suspiro de alivio.
Se hizo la muerta cuando vio que se acercaba un niño y una chica.
-Tía, mira una estrella de mar, ¿la cogemos?- dijo el niño expectante.
-¡Ah, no, ni hablar!, dejémosla ahí, pronto se irá lejos, tiene que vivir más tiempo.
-¡Cojamos caracolas!, tía
- Cogeremos solo las grandes, las pequeñas se quedarán aquí.
-Pero… tía, podemos coger las que no tienen habitantes dentro, por favor…
-Algo mejor…les haremos fotos y así podrás verlas siempre que quieras y adornará tu habitación, ¿te parece bien?
-Sí tía, las dejaremos aquí.-dijo el pequeño resignado.
-Bueno como te portas muy bien te dejo coger esta tan linda, cuando estemos en casa verás que dentro de ellas conservan el rumor del mar.- La chica sonrió comprensiva.
Mientras, la marea se aproximaba, la Estrella de mar seguía quieta escuchando y nada más se habían alejado un poco la chica y el niño, quitó la arena camuflaje a la Caracola y se quedó con ella haciéndole compañía, no tardaron ni seis olas en poner rumbo mar adentro, felices como solo pueden serlo los seres que viven en el mar.
A los bebés y niños enseñaremos que hay que proteger y cuidar al débil.
Carol